jueves, 25 de diciembre de 2008

De tréboles y estrellas fugaces

No voy a escribir sobre la esperanza, porque siempre me ha traído mala suerte.

Una cosa sí que voy a decir... bueno... contaré una historia mejor:

Desde pequeñita he sido una perseguidora incansable de tréboles de 4 hojas y de estrellas fugaces.
En la piscina de mi urbanización, en el césped, justo delante de mi casa y cerca del olivo crecía siempre una 'colonia' de tréboles. Yo, incansable, mientras secaba mi bañador para comer, tumbada en la toalla, buscaba y buscaba entre los tréboles un trébol de cuatro hojas, creía que así el chico que me gustaba me haría caso. A veces agarraba con mis dedos en la base de las hojas de un trébol normal una más y hacía creer a mis amigas (o enemigas) que había encontrado uno. La verdad es que recuerdo que una ocasión encontré uno, lo plastifiqué con celo ancho (sí, así de cutre) le puse alguna parida y lo vendí en una de las típicas paraditas de piedras pintadas, conchas con ojos y pulseras de hilos que montábamos para sacar dinero para comprarnos dráculas, frigopiés o ramonelfarones.

Lo de la estrella fugaz llegó más tarde.
Una noche, sentada en la terraza en una de esas sillas incómodas de plástico blanco, compartiendo confidencias con alguna 'amiga de verano' que ahora mismo no recuerdo vi una estrella fugaz. Fue la primera que vi en mi vida. He visto unas cuantas en mi vida, la verdad es que más de 10 quizás. Pero sólo recuerdo tres.
En esta primera pedí un perrito. Pedí que mis padres me regalaran por Navidad un perrito. Lo pedí por Navidad porque mi cumpleaños ya había pasado así que lo más cercano era Navidad, pero jamás he tenido un perrito.
La segunda que recuerdo fue la noche que cumplí 21 años. Había salido a celebrar mi cumpleaños y ya de madrugada, volviéndome sola a casa, en ese camino tan poco acogedor entre la salida del metro y mi portal vi cómo cruzaba una estrella fugaz y recuerdo que me sentí tremendamente feliz. Era el 7/7/7, mi cumpleaños, y había visto una estrella fugaz. Lo que no recuerdo es qué deseo pedí.
La tercera que recuerdo fue la última que vi, la que conté hace unas cuantas entradas. Recuerdo perfectamente lo que pedí, recuerdo que se lo conté a una persona, sólo a una, cuando pensé que ya no servía de nada, que había hecho mal en pedir eso, y encima confesé el secreto inconfesable en una iglesia, y no en cualquiera, en la de la Virgen del Pilar ¡Acabáramos!

Y el caso es que ahora no puedo seguir contando, porque siempre que hablo de la esperanza me trae mala suerte, ya lo he dicho.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Juegos de niños

Recuerdo cómo me gustaba corretear del sofá a la habitación, poner aquel disco y empezar a saltar en la cama. Cuando oía cómo se acercaba, me apresuraba a enredar las sábanas con el edredón y la manta y me escondía debajo de aquel bulto, similando que no estaba. Quizás tenía curiosidad por saber cómo era su vida sin mí, qué haría cuando yo no estuviese, pero tampoco contaba con no estar algún día.
Me escurría debajo de las sábanas cuando intentaba averiguar mi posición hasta que era irremediable. Casi siempre acababa haciéndome daño sin querer, como ahora.

Dicen que el amor es cosa de niños y yo, a ratos, lo interpretaba como un juego. He jugado muchas veces a las mentiras, las pruebas 'serias' que yo me inventaba para ver cuánto me quería.

Era divertido que todos esos juegos, escondites y travesuras desembocaran en una más grande, que las sábanas se desenredaran y me enredara con él, encima de ellas. A veces besándole, a veces besando las sábanas y a veces besando al aire... quedando sorprendida al descubrir que los besos en el aire habían aterrizado ya en mí, habían rebotado y habían vuelto a mi cara, a mi cuello o mi pecho.

Recuerdo otro juego, que se llamaba 'la discoteca'. Yo me escondía debajo de las sábanas otra vez pero esta vez jugaba a ser una desconocida - ¿Cómo te llamas?¿Vienes mucho por aquí?... Supongo que no iba tan desencaminada puesto que hay cosas que los niños saben hacer mejor y nunca acabas de conocer a las personas... quizás a veces hay que preguntar más de una vez el nombre de alguien.

lunes, 15 de diciembre de 2008

La libreta de Bella II


De haberlo sabido no habría dado todo en un principio, que dice Quique González

domingo, 14 de diciembre de 2008

viernes, 12 de diciembre de 2008

Peso molecular de las palabras = X

No sé hasta qué punto uno puede comerse sus palabras.
Debería ser fácil, puesto que cada día las maquillamos, cambiamos, inventamos, falseamos... pero qué difícil es comerse las palabras cuando te salen por la boca.
Ahora mismo las tengo en el estómago y puedo sentirlas. No están en mi cabeza, están en mi estómago, con dos croissants de chocolate. Y me pesan, me pesan mucho. Me pesan hasta el punto de ponerme nerviosa de no poder decirlas, o no querer, o no convenir decirlas.

Ni aun haciendo una escala de prioridades y valores sobre las razones de ser de esas palabras saco conclusiones, dan vueltas en mi estómago y me mareo y quizás, lo peor que podría pasar es vomitarlas inconscientemente.
O lo mejor. ¿Cuántas veces lo peor se convierte en lo mejor? Yo espero que eso, pronto, me ocurra.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Cuatro rojo

Me acabo de morir.

Y qué bien.

martes, 9 de diciembre de 2008

El baúl

Cuando miro hacia atrás no creo que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque ahora mismo sería el mejor momento para pensarlo. Cuando miro hacia atrás, aunque sean imágenes, me sirven para comprender por qué mi vida es como es e incluso puedo percibir cómo puede ser. Y me alienta. Me da ganas de seguir adelante sabiendo que puedo hacer muchas de las cosas que me propongo, que puedo conseguir lo que quiero, o por lo menos, algo que se le parece.

Y parece mentira que sea yo la que me esté diciendo todo esto cuando hay personas que se pasan el día diciéndomelo, pero es que, como el creerse algo por una misma, no hay nada. Aunque cuente con ayudas de valor inestimable.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Los días a la luz de la luna

Los días se me pasan más rápido así. Qué cosas. Antes se me pasaban lentos, cuando era cuenta atrás, ahora se me pasan volando, ahora que empiezo a contar.
Cada día amanece, tarde para mí, me sociabilizo, me junto con individuos de mi propia especie y mantengo diferentes relaciones: simbiosis, carroñismo, parasitismo... todo depende.
Y cuando me quiero dar cuenta entra la noche, y no me refiero a la oscuridad puesto que en esta época del año oscurece muy pronto. Eso, que cuando me quiero dar cuenta me he perdido la puesta de sol desde mi balcón pero suele valer la pena, porque sé que de este modo me quedan muchas más por ver.
Voy a empezar a pensar que me gusta así, aunque sé que es mentira, pero me gusta así. Me gusta que las noches sean más largas que los días porque así falta menos para el día siguiente y siempre falta menos para ese día del que, poco a poco, gotita a gotita, el grifo se va secando y cada vez me importa menos.
¿Qué importa creer una cosa u otra si no sabes cuál es la realidad? ¿Qué haces? Inventarte noches en lugar de días.

jueves, 4 de diciembre de 2008

El segundo viaje roto, pero el más roto de mi vida.

Me sorprendo.
No alcanzo a entender todavía cómo estoy sentada en mi silla en vez de sobrevolando cualquier pueblecito de España entre Barcelona y Madrid.

Pero la realidad es que estoy aquí, sola en mi casa sin saber llorar siquiera. No es que no tenga ganas, es que ya no puedo, ya no sé si me merece la pena.

Mira, la vida pasa para todo el mundo, todo el mundo la coge, con mayor o menor fuerza, y yo no puedo dejarla escapar. Quizás mi problema es que la he dejado escapar demasiadas veces. O he dejado siempre ir a mi alma antes que mi cuerpo, y quizás me toca ir con ella para ayudarla y no hacerla sufrir más.

Todo esto suena muy transcendental quizás, pero por lo menos ya no me suena desesperado.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Por lo menos temporalmente

Me estoy convirtiendo en todo lo que siempre dije que no me convertiría. Normalmente esto suele pasarte cuando estás con alguien, no en una ruptura. Lo peor de todo es que es involuntario, totalmente. Es una situación insostenible que hace que mis actos sean bipolares, variopintos, desvariantes y un largo sin fin de adjetivos. Todo es fuerza de voluntad, o eso dicen, pero si la fuerza de voluntad está en el corazón, no creo que me sea posible utilizarla.

Y es una mierda, porque todo es una mierda. Porque de lo único que tienes ganas es de parar a la gente que sonríe por la calle y explicarles que están equivocados, que todo es una mierda, y que todos esos momentos de sonrisas no les van a compensar, ni se acordarán de ellos, por lo menos temporalmente.

Por lo menos temporalmente es lo único que te queda para agarrarte, que todo pasa. Eso y unos buenos amigos.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Adiós


A los mejores 6 meses de mi vida.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Un buen día

A veces una actitud positiva frente algo hace más que todas las cosas buenas. Miento, las cosas regulares con actitud positiva son grandiosas.
Y si no es así, yo miro mi Flamenco rosa de plástico, que sirve para remover bebidas, y lo mezclo todo hasta que las ondas dibujan una sonrisa.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Quebrados.

La verdad es que no recuerdo ningún día lluvioso que fuera triste. A mí los días tristes siempre han llegado con el sol y preferiblemente en mayo.
Esta vez hace sol y no hace frío. Hace un día genial. Hoy hay asientos en el metro para todo el mundo e incluso he visto gente que daba dinero 'para el billete de tren'. Vamos, lo nunca visto.
Es el día en que parece que todo el mundo tiene suerte menos tú. Que todos los problemas se arreglan menos el tuyo. Y te ahogas como si estuviera lloviendo a mares, con viento y en dirección contraria a la tuya mientras caminas. Como cuando en invierno hace viento, helado, del que pincha y no te deja respirar y te arden las orejas. Y te despeina.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Luna lunera

El viernes por la noche, de camino al teatro, nos acompañaba una luna enoorme y brillante por toda la carretera.
A la salida del teatro, de vuelta a casa, desde el coche vimos una estrella fugaz.

Ayer, cuando volvía a Barcelona en avión, al despegar de Madrid, la luna se reflejaba en el ala derecha del avión y, conforme maniobraba y giraba el avión la luna se resbalaba por el ala. Cuando se inclinaba hacia la derecha creía que iba a caer, pero tan pronto se anivelaba el avión la luna volvía a posarse sobre el centro del ala como si tal cosa.

Siempre he preferido el verano, pero tengo que reconocer que, en invierno, cuando el cielo está despejado la luna brilla con otro color. Y cuando está cubierto me encanta el color rojizo de las nubes, o mirar al cielo antes de ir a dormir, al bajar la persiana, esperando oscuridad y encontrar el manto espeso y tupido e incluso luminoso de un buen nubarrón de invierno.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

A quien vivía conmigo en otro mundo.

Antes no vivía en este mundo. De verdad. Vivía en un mundo que no era el nuestro. Un mundo donde las cosas eran como y cuando queríamos, donde podíamos decir todo lo que queríamos y las cosas bonitas las compartíamos.
No quiero decir que ya no las comparta, pero quizás sería el momento de pensar que realmente no vivimos en nuestro mundo. Más bien ya no hay nuestro mundo. Cada día me doy más cuenta de que cada persona de este mundo vive en su propio mundo, y en ocasiones, los mundos se alejan prácticamente sin remedio.
No sé si será el egoísmo, la falta de tiempo, el cambio de rutina... la vida cambia. Cambia mucho. Y 7 u 8 años dan para mucho, sin duda. De todos modos, y de manera irracional, creo en la esencia y creo que una de las razones por las que ahora (hoy) estoy aquí es porque sigo rechazando el mundo.
Llamadme idealista empedernida.

Seguramente las personas que me conocen creen que yo no soy para nada optimista y mucho menos ambiciosa.

Pero es que hubo un tiempo en que no vivía en el mundo, y me gustaba no vivir en él.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Los mapaches nunca mueren

me gusta tener una carpeta que se llama verano 2008 en vez de vacaciones 2008. Porque las vacaciones están bien, pero no es el verano. A mí me gusta el verano, la sensación de verano, porque aunque trabajara era verano y cuando no trabajaba era verano, no eran vacaciones.
me gusta también tener una colección de fotos de alberto durmiendo la siesta aunque en la mitad parezca un yonki y dé penita (nunca entenderé cómo puedes dormir así).
y también me gusta ser su novia, así en plan adolescente y tener un 'resfriado a medias'. tú la fiebre y yo los mocos.

me gustaría, por eso, que fuera otra vez verano y estar otra vez en madrid, inventándome excusas de por qué no he hecho absolutamente hasta que has llegado de trabajar y saberme la programación de la tele de memoria. desde las 12 del mediodía hasta las 5 de la mañana.

pero por supuesto, todo irá mejor.