jueves, 10 de septiembre de 2009

No quiero tener pesadillas. No quiero preguntar cosas sobre bicicletas estando dormida. No quiero más agujas, ni muertes, ni explosiones de gas, ni serpientes. No me gusta.

Me angustia. Me angustian esos sueños en que ocurren cosas que te aterran. Y lo peor de todo es que ninguno de mis sueños tiene sentido. nada de eso puede ocurrir, nunca.

Mientras tanto, están esas pequeñas cosas que frente a la ansiedad, la angustia, la adversidad me hacen sonreír antes de dormir y al despertar. Nunca fui conformista pero creo que esta vez no me queda otro remedio.

Me conformo con mirar por la ventana en el tren aunque la línea de metro esté cortada y los trayectos me cuesten el doble de tiempo. Me reconforta que me bese en el hombro aún estando dormido, o que apriete mi mano cuando intento soltarla para girarme, aunque yo tenga los ojos como platos y no pueda dormir. El ponerme su colonia me hace sonreír al olerla inesperadamente en algún momento de nerviosismo, o mientras estoy trabajando cuando todos duermen.

No pretendo ser una Amelie, sólo pretendo dejar de lado momentos e incluso años de pesimismo. Intento tomar las cosas como vienen. Intento ser mejor, intento sentirme mejor e intento hacer sentir a los demás mejor.

Y debería intentar dejar de escribir cosas de este tipo.