martes, 20 de octubre de 2009

El cielo cuando está de color magenta llora.

Es cuando el sol empieza a irse a dormir cuando se apiada de todos y el calor no derrite sus lágrimas. Es entonces cuando ese cielo celeste se tiñe de naranja, de mangeta, de morado... como una de esas piruletas que comías cuando eras pequeño que llevaban infinidad de tonos mezclados. Quizás por eso el cielo se pone rojo... porque llora a pulmón como un bebé de días.

En la última hora de la tarde es cuando el sol pierde sus fuerzas y sus rayos se derriten en mil colores e intentan posarse sobre los árboles... pero la gravedad es para todos y desaparecen en el infinito para dar paso a la noche... la no tan solitaria noche, por suerte.

Cada día, en algún lugar del mundo, alguien llora a sus penas al sol cuando se va. Nunca se es el único con ganas de llorar.

jueves, 10 de septiembre de 2009

No quiero tener pesadillas. No quiero preguntar cosas sobre bicicletas estando dormida. No quiero más agujas, ni muertes, ni explosiones de gas, ni serpientes. No me gusta.

Me angustia. Me angustian esos sueños en que ocurren cosas que te aterran. Y lo peor de todo es que ninguno de mis sueños tiene sentido. nada de eso puede ocurrir, nunca.

Mientras tanto, están esas pequeñas cosas que frente a la ansiedad, la angustia, la adversidad me hacen sonreír antes de dormir y al despertar. Nunca fui conformista pero creo que esta vez no me queda otro remedio.

Me conformo con mirar por la ventana en el tren aunque la línea de metro esté cortada y los trayectos me cuesten el doble de tiempo. Me reconforta que me bese en el hombro aún estando dormido, o que apriete mi mano cuando intento soltarla para girarme, aunque yo tenga los ojos como platos y no pueda dormir. El ponerme su colonia me hace sonreír al olerla inesperadamente en algún momento de nerviosismo, o mientras estoy trabajando cuando todos duermen.

No pretendo ser una Amelie, sólo pretendo dejar de lado momentos e incluso años de pesimismo. Intento tomar las cosas como vienen. Intento ser mejor, intento sentirme mejor e intento hacer sentir a los demás mejor.

Y debería intentar dejar de escribir cosas de este tipo.

miércoles, 19 de agosto de 2009

La semana pasada fue la primera vez en 5 meses que ni tú ni yo miramos en ningún momento el reloj.

Y es que es una pena que los fines de semana no existan.

viernes, 10 de julio de 2009

Sé que soy joven pero hoy me di cuenta de que no quiero morirme sin haber disfrutado de cada uno de los buenos momentos que me ha dado y me dará la vida.

Quiero sonreír hasta que las encías se doren con el sol. Quiero llorar de risa y tener agujetas.

No quiero perderme ni un beso ni un abrazo. Quiero reirme tan fuerte y sonreír tan ancho que la fuerza que me invada haga desaparecer todas las espinas que se me clavaron y se me clavarán.

No quiero mirar atrás y habérmelo perdido todo.

miércoles, 8 de julio de 2009

Cumpleaños Feliz.

Hoy, no sé muy bien por qué, tengo ganas de escribir.
Ayer fue mi cumpleaños, y ayer no me dormí ni en mi cama ni en la suya.

Ayer, ninguno de mis exnovios me felicitó por mi cumpleaños. Al final tuve que forzar a mi primer novio a que me felicitara para no sentirme peor persona de lo que me estaba sintiendo.

Ninguno de mis familiares se ha molestado en comprarme un detalle... Gracias por pagarme los regalos que me compro yo, de verdad, pero a todos nos gustan las sorpresas.

Tan sólo tres de mis amigos me llamaron por teléfono para felicitarme.

O soy exigente a más no poder o soy una mierda de persona.

Por lo menos he cumplido 23 años y no 60, así que supongo que todavía me quedan cartuchos.

martes, 26 de mayo de 2009

No distingo muy bien la paz de la felicidad. Nunca me gustó la palabra PAZ. Está contaminada. No creo en la paz como el amor universal. A veces infravaloramos la tranquilidad. Pero no me refiero al 'no tener nada que hacer' sino a estar tranquilo.

Yo recuerdo perfectamente la última vez que estuve tranquila. Creo que fue hace unas tres semanas, casi un mes. Mi paz, mi tranquilidad constaba tan solo de silencio (tan sólo interrumpido por un vinilo girando en el tocadiscos) un sofá y un oso panda. Estamos acostumbrados a darnos cariño, a mimarnos mientras hacemos otras cosas sin pararnos a descubrir el bien que le puede hacer a uno mismo (y a los demás) el centrarnos en mimarnos, como el que está cocinando, viendo la tele, trabajando o haciendo deporte. Tan sólo me dediqué a rozar su cara con mi mano, suavemente, y a recibir las mismas caricias, con algún beso en la mejilla.

Tan solo eso.

Algo tan simple e incluso rídiculo.

miércoles, 29 de abril de 2009

Paseos en bicicleta.

Nunca he pedido una persona perfecta. Ni siquiera que lo fuera para mí.
Supongo que es por eso que nadie puede pedirme que sea perfecta.
Y estoy plagada de defectos.
Hasta la médula.

A veces creo que todo yo soy un defecto. Nunca tengo la sensación de estar haciendo algo grande, algo genial para alguien o para mí.
Cuando creo que hago algo beneficioso para mí antes o después aparecen las dudas... y siempre me rindo. Siempre he acabado rindiéndome. (Bueno, no siempre).
Y, cuando planeo algo que creo que sorprenderá a otra persona, que le encantará, que le hará sentirse bien, querido, arropado y 'pensado' (sí, esa sensación de satisfacción cuando te das cuenta de que alguien ha pensado en ti... no sé el resto del universo pero yo no la tengo muy a menudo) lo ejecutas, lo entregas, lo das, envías aquello que planeaste, por lo cual te relamiste como un gato cuando su amo sostiene su latita donde el animal no puede alcanzarla... de repente... (yo siempre pensé que después de un 'de repente' venía algo bueno) de repente no hay nada. O sí pero no lo ves. O no lo veo yo.
Y con esos actos intento ser perfecta. Intento dentro de mis principios y de mi voluntad hacer algo que la otra persona espera de mí... o mejor aún... no espera pero quiere.
Y son tantísimas las veces que no da resultado o que los resultados se van a la mierda por algo que has intentado evitar mil veces, incluso involuntario, que me planteo ya hasta qué punto merece la pena seguir esforzándote.

Seguramente, antes de que me de cuenta, me 'entregarán' algo que me hará sentir 'pensada' y entonces encontraré la razón por la cual todo vale la pena. Pero en estos momentos desearía que alguien me sentara frente a una pantalla donde se proyectara, como eso que dicen que pasa cuando te vas a morir, todas las cosas buenas que han merecido la pena a lo largo de mi vida.

En definitiva, todas las veces que caíste de la bicicleta cuando aprendías a montar en ella, todas las rodillas rascadas y las piedras metidas por debajo de la piel que sirvieron para disfrutar de un paseo maravilloso en un precioso atardecer de verano.

martes, 21 de abril de 2009

Ayuda!

Queridos lectores y lectoras... necesito vuestra ayuda.

El jueves es Sant Jordi y pretendía regalarle un cómic a mi oso panda... pero no tengo ni idea de nada!

Si me podéis recomendar algo que no pase de 15 euros (mi primer sueldo en 5 meses llegará la semana que viene...) y sea así 'independiente' de tipo Alter-Ego o Píldoras Azules os estaría profundamente agradecida.

Muchísimas gracias, espero vuestras colaboraciones :)

lunes, 20 de abril de 2009

II

No lo parece, no lo muestro y no lo demuestro. Soy consciente de ello. Intento ser positiva y sobre todo intento ser razonable. El problema es que la razón no funciona igual en todos los sujetos que me rodean, ni siquiera la mía ha funcionado ni los últimos años de la misma manera.

Es como uno de esos relojes baratos, o de esos que van con movimiento que siempre arrastran un retraso de 1 minuto, 2... y se van acumulando hasta que te diriges a la estación y tu tren ha salido.

Yo no quiero perder el tren, ni quiero que mi razón cambie. Pero no quiero estar equivocada. A veces es tan difícil saber qué es lo correcto y lo razonable que entonces todo se difumina y todo, absolutamente todo empieza a carecer de un sentido.

No quiero que todo sea a mi manera, no quiero que todo sea acorde a mi parecer. Tan sólo quiero lo correcto, solamente pido saber qué es lo correcto.

domingo, 29 de marzo de 2009

Las nubes de la primavera.

A veces se me emborrona la mente.

Es como un nubarrón gris que primero va proyectando su sombra para finalmente encerrar mi poca lucidez y claridad. Ahora mismo puedo notarlo. No alcanzo a detectar las palabras que llevan tilde. A veces no las acentúo correctamente.

Es en ese momento en que los ojos me empiezan a picar... pero no tengo ganas ni intención de rascarlos... Se humedecen, se quedan entumecidos, contrariamente a la desesperación que este estado me provoca y mis ojos no pueden ver nada a la vez que mi cabeza no puede pensar en nada.

Es un estado que me entristece. La tristeza me empieza a invadir, lo noto cuando eso ocurre. Y si intentara explicarlo con palabras no podría, tan sólo podría decir una a sabiendas de que en un porcentaje (más o menos elevado) sería injusto. Y esa palabra es .

lunes, 9 de marzo de 2009

Melodía

Hoy por hoy, sus ronquidos y su risa son mi canción favorita.

viernes, 27 de febrero de 2009

12.





Estoy sentada sobre un libro abierto.
Me gusta vivir un libro abierto. Estaba cansada de rebuscar en libros que, por breves que fueran me resultaban igual de pesados que buscar una ciudad indeletreable en una extensa enciclopedia, o una planta por su nombre científico, todo tenía que ser más sencillo.

Estoy asentada en un libro abierto. Ya no estoy en una biblioteca. No es esta la Biblioteca de Babel de Borges donde ningún libro tiene sentido. Estoy en mi casa, leyendo un libro ameno, cortito pero lleno de rincones secretos pero descifrables.

Las letras se me juntaban, no podía leer, ni siquiera descansando mi vista por unos instantes.

No es mi libro favorito porque lo haya escrito yo, sino porque está escrito tal y como yo lo hubiera escrito. Adoro este libro y por eso voy a limpiar cada día el polvo que el aire deposite sobre él. Voy a sacar brillo cada día a su portada y a su contraportada. Mantendré rígidas las puntas, evitaré que se doblen. Y sobre todo lo llevaré siempre conmigo.

Foto de Alberto Polo.

lunes, 23 de febrero de 2009

Té con miel

El sábado paseábamos después de comer en busca de un café donde tomar un té y fumar un cigarrillo. Yo hacía rato que tenía en mente algo que a mi juicio era una 'pequeña cafetería de guiris en una transitada calle de Barcelona'. Al llegar a allí a los dos nos pareció buena idea entrar. Cuando entramos, para mi sorpresa, descubrí que se trata de un local con los techos altos, lámparas bajas, luces ténues, un vestíbulo a la entrada (inmediatamente los dos pensamos en que aquel era un magnífico sitio para bailar) y 'millones' de mesas. No obstante, me pareció el sitio más íntimo del mundo (bueno, ya sabéis, estoy exagerando un poco...). Nos sentamos en una mesa al lado de una columna y en la mesa de al lado había una pareja, él occidental y ella oriental con dos niños, dos de los niños más guapos que he visto nunca. Mientras yo echaba la miel en mi té descubrimos que había una pareja sentada al lado de la ventana, les daba una luz preciosa y mientras ella movía su café él la estaba fotografiando. Bromeamos varias veces invitándonos a bailar, incluso levantándonos de la silla pero todavía nos queda algo de vergüenza, gracias a Dios. De repente empezó a sonar Beirut y algo fue envolviéndome... era una atmósfera de bienestar.

Me tomé mi té con miel prácticamente sin dejar de mirarle y cuando acabamos volvimos a pasear por el sol.

Le he obligado a firmar un acuerdo. Todos los sábados quiero ir a esa cafetería a tomarme mi té con miel y a enfadarme porque él se toma un café con leche y yo no puedo.

martes, 17 de febrero de 2009

La Sonrisa de mis Mona Lisas

Hay personas con las que disfruto especialmente al verlas sonreír. Siempre es agradable ver cómo se dibuja una sonrisa, una risa o una carcajada estruendosa en el rostro de alguien que te cae bien, aprecias o quieres. Pero hay casos, hay personas cuya risa me desalma.

Creo que serían cuatro, principalmente.

La primera es la de C. Conozco su historia, conozco su vida, la dureza de sus días especialmente desde que él murió. Y pese a todo su risa suena como la de un niño pequeño tímido pero travieso a la vez y se contagia irremediablemente a todas las personas que se encuentren en la sala en ese momento.

La segunda es R, mi tía. Llora, es que llora de la risa y con unas ganas que hacen presuponer que está segura de que nadie en el mundo puede disfrutar más de una carcajada en ese momento, pero se equivoca, estoy segura de que a mí, cuando puedo verla, me hace estremecer.

La tercera es E. Siempre gesticula mucho y cuando se ríe suele taparse la boca y mover una mano así sacudiéndola y se encoge muchas veces echándose para atrás. Además, es curioso, pero con lo que yo soy, muy pocas veces la hago reír por lo que cada vez que la veo me hace sonreír como una idiota, como cuando ves a un niño pequeño o un perrito mono (salvando las distancias, claro).

La cuarta es S. Lo primero en que me dijé fue en su sonrisa y ahora no puedo quitármela de la cabeza y bueno, hacerle reír... no tengo palabras para describirlo. Es satisfacción, euforia, alegría, contagio, diversión, felicidad... Todo parece un chiste constante, pero de esos que puedes escuchar 100 veces y te sigue haciendo gracia. De los que cuando vas por la calle o en metro lo recuerdas sin más y te hace sonreír. Eso es exactamente su risa. Sonreír en el momento más inesperado.

martes, 3 de febrero de 2009

Vacío legal

Dicen que el desamor ha hecho mucho por 'el arte'. Cuanto menos por la literatura, la poesía... o la música, que para mí, viene a ser lo mismo.

Pues yo debo de funcionar al revés, o quizás es mi afán por ir contracorriente. Yo ya no sé sobre qué escribir, quizás es que se me ha acabado el amor y el desamor. Aún así siento una tristeza enorme. Es una tristeza involuntaria, me siento como si no hubiera a nadie a quien chillarle que me siento tremendamente sola pero a la vez, no necesito de nadie. No echo a nadie de menos.

Ya no quiero decirle a la gente que es feliz con alguien que se equivocan, algo es algo. Ya no me lamento pensando qué falló, cada día estoy más convencida de que no fue problema mío. Eso es mucho ya.

Pero no sé sobre qué escribir.

lunes, 26 de enero de 2009

Piedra, papel o tijeras.

Soy como una galleta Oreo.
O un helado de tres sabores.
Lo que quiero decir es que tengo tres capas.
Soy fuerte, débil y fuerte. Por eso soy más una Oreo, o un corte de helado. Aparento ser fuerte, tengo mal carácter y eso siempre se asocia a una persona fuerte y resistente pero no lo soy. No creo que haya un sólo día en el que no sufra un pequeño rasguño dentro de mí. Soy como esos objetos lisos que tratas siempre de proteger de arañazos. Pero sobrevivo. Por eso creo que al final soy fuerte.

Sé que tendría que ser más fuerte, que tendría que evitar sufrir esos pequeños rasguños pero creo que en el fondo nos gusta sufrir. A mí me gusta, hasta cierto punto. Sin sufrimiento nos sentimos deshumanizados. Empatizamos normalmente con la gente que sufre, no con la que disfruta de la vida. Sí empatizamos, claro, pero menos. Muchísimo menos.

Por eso me gusta conservar mi fragilidad y disfrutar de esas pequeñas cosas que me hacen más humana, esa susceptibilidad porque en realidad, siempre sentí lástima de la gente que no es capaz de sentirse herida, o molestada, o aunque sea arrugar la frente, levantar las cejas y poner 'morritos'. Esos gestos y esas sensaciones son las que hacen que las sonrisas sepan mejor, sin duda.

miércoles, 21 de enero de 2009

67

Hoy me he imaginado el corazón de las personas como un autobús. No sé por qué. Ha sido justo en el momento en que se abrían las puertas y entraba el frío punzante de la calle. Hace mucho frío hoy en mi ciudad pero creo que la gélida sensación térmica se agravó por en quien estaba pensando.

Es frío, y pincha, se clava.

Vi el corazón de las personas como un sitio donde la gente entra, se refugia del frío en invierno, del calor en verano, del viento en otoño y del polen en primavera (porque la mayoría de las veces entramos en la vida de las personas para refugiarnos) y en un momento dado, cuando conviene, se bajan. Evidentemente no siempre es así. Hay mucha gente que cada día coge el autobús (esto no tiene mucho que ver con el símil que intentaba plantear).

Lo que quiero decir es que entramos, nos sentamos y nos bajamos. Y aunque a veces nos echan nos hemos resguardado de algo que no queríamos y muchas veces hemos tenido un viaje agradable.

Tengo la mala o buena costumbre de no olvidarme de las cosas buenas, no a la primera cosa mala, y no pensaba en echarle de mi autobús. Me acordé de esa persona porque recordaba los ratos en ese mismo autobús, las mañanas soleadas en que había tomado el autobús para disfrutar de Barcelona y de una charla agradable mientras volvía hasta mi casa. Y lo recuerdo con agrado, aunque quizás me esté equivocando y acabe todo como siempre... esta vez sí habrá merecido la pena, seguro que sí.

miércoles, 14 de enero de 2009

Copenhage no está a medio camino.

Querido compañero,

Te escribo la presente porque he de despedirme de ti. Para mí las despedidas nunca son bonitas, las odio, me parecen horribles e inútiles. De las personas que nunca más vas a volver a ver no te despides. No a conciencia.

He de lamentar haber perdido algo mío. Lamento la pérdida de esa parte de mí que se ha desprendido para siempre y no eres tú. Supongo que es parte de mi 'dignidad'. Ya ves, a mí eso siempre me había parecido absurdo y jamás me había sentido humillada. No te preocupes, no es culpa tuya, yo lo he permitido. Tendría que lamentar no haber sido perfecta, pero no lo lamento, me enorgullezco. Soy de esas personas que no soportan a la gente que siempre sonríe, que respeta a todo el mundo y nunca tiene un día más triste que otro. Yo no soy así. Como he dicho muchas veces 'yo es que soy muy sufrida'.
(voy a repetir el verbo 'lamentar' porque yo no me arrepiento de nada, sólo lamento que haya sido así)
Lamento haberme entregado al verano, a los kilómetros y a las distancias. Lamento haber invertido mis posesiones temporales y económicas en algo que no logro entender, en algo que no puedo explicar y en un final de catástrofe donde no me atrevo a dar ni un mísero paso hacia adelante.

Supongo que este es el precio que he de pagar por haber sido tan asquerosamente feliz. Por haber sonreído tantas veces por la calle sin saber el por qué, por haber creído que iba a ser feliz por siempre jamás y por pensar que mi vida era perfecta.
También es el precio del engaño, por haberme tropezado tantas veces. La prueba irrefutable está en todas las veces en que yo le di un significado a una canción y tú otro. Creía que vivíamos en un mundo perfecto y fíjate, tú vives en uno, y yo vivo en otro. Quizás es verdad que la distancia no es algo meramente físico.

Ahora tendría que estar agradecida, supuestamente, por haberme enseñado todo esto y para que no me vuelva a pasar pero sé que no va a ser así. No te estoy agradecida. Pero espero que no me vuelva a pasar nunca más.