No distingo muy bien la paz de la felicidad. Nunca me gustó la palabra PAZ. Está contaminada. No creo en la paz como el amor universal. A veces infravaloramos la tranquilidad. Pero no me refiero al 'no tener nada que hacer' sino a estar tranquilo.
Yo recuerdo perfectamente la última vez que estuve tranquila. Creo que fue hace unas tres semanas, casi un mes. Mi paz, mi tranquilidad constaba tan solo de silencio (tan sólo interrumpido por un vinilo girando en el tocadiscos) un sofá y un oso panda. Estamos acostumbrados a darnos cariño, a mimarnos mientras hacemos otras cosas sin pararnos a descubrir el bien que le puede hacer a uno mismo (y a los demás) el centrarnos en mimarnos, como el que está cocinando, viendo la tele, trabajando o haciendo deporte. Tan sólo me dediqué a rozar su cara con mi mano, suavemente, y a recibir las mismas caricias, con algún beso en la mejilla.
Tan solo eso.
Algo tan simple e incluso rídiculo.
martes, 26 de mayo de 2009
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