viernes, 27 de febrero de 2009

12.





Estoy sentada sobre un libro abierto.
Me gusta vivir un libro abierto. Estaba cansada de rebuscar en libros que, por breves que fueran me resultaban igual de pesados que buscar una ciudad indeletreable en una extensa enciclopedia, o una planta por su nombre científico, todo tenía que ser más sencillo.

Estoy asentada en un libro abierto. Ya no estoy en una biblioteca. No es esta la Biblioteca de Babel de Borges donde ningún libro tiene sentido. Estoy en mi casa, leyendo un libro ameno, cortito pero lleno de rincones secretos pero descifrables.

Las letras se me juntaban, no podía leer, ni siquiera descansando mi vista por unos instantes.

No es mi libro favorito porque lo haya escrito yo, sino porque está escrito tal y como yo lo hubiera escrito. Adoro este libro y por eso voy a limpiar cada día el polvo que el aire deposite sobre él. Voy a sacar brillo cada día a su portada y a su contraportada. Mantendré rígidas las puntas, evitaré que se doblen. Y sobre todo lo llevaré siempre conmigo.

Foto de Alberto Polo.

lunes, 23 de febrero de 2009

Té con miel

El sábado paseábamos después de comer en busca de un café donde tomar un té y fumar un cigarrillo. Yo hacía rato que tenía en mente algo que a mi juicio era una 'pequeña cafetería de guiris en una transitada calle de Barcelona'. Al llegar a allí a los dos nos pareció buena idea entrar. Cuando entramos, para mi sorpresa, descubrí que se trata de un local con los techos altos, lámparas bajas, luces ténues, un vestíbulo a la entrada (inmediatamente los dos pensamos en que aquel era un magnífico sitio para bailar) y 'millones' de mesas. No obstante, me pareció el sitio más íntimo del mundo (bueno, ya sabéis, estoy exagerando un poco...). Nos sentamos en una mesa al lado de una columna y en la mesa de al lado había una pareja, él occidental y ella oriental con dos niños, dos de los niños más guapos que he visto nunca. Mientras yo echaba la miel en mi té descubrimos que había una pareja sentada al lado de la ventana, les daba una luz preciosa y mientras ella movía su café él la estaba fotografiando. Bromeamos varias veces invitándonos a bailar, incluso levantándonos de la silla pero todavía nos queda algo de vergüenza, gracias a Dios. De repente empezó a sonar Beirut y algo fue envolviéndome... era una atmósfera de bienestar.

Me tomé mi té con miel prácticamente sin dejar de mirarle y cuando acabamos volvimos a pasear por el sol.

Le he obligado a firmar un acuerdo. Todos los sábados quiero ir a esa cafetería a tomarme mi té con miel y a enfadarme porque él se toma un café con leche y yo no puedo.

martes, 17 de febrero de 2009

La Sonrisa de mis Mona Lisas

Hay personas con las que disfruto especialmente al verlas sonreír. Siempre es agradable ver cómo se dibuja una sonrisa, una risa o una carcajada estruendosa en el rostro de alguien que te cae bien, aprecias o quieres. Pero hay casos, hay personas cuya risa me desalma.

Creo que serían cuatro, principalmente.

La primera es la de C. Conozco su historia, conozco su vida, la dureza de sus días especialmente desde que él murió. Y pese a todo su risa suena como la de un niño pequeño tímido pero travieso a la vez y se contagia irremediablemente a todas las personas que se encuentren en la sala en ese momento.

La segunda es R, mi tía. Llora, es que llora de la risa y con unas ganas que hacen presuponer que está segura de que nadie en el mundo puede disfrutar más de una carcajada en ese momento, pero se equivoca, estoy segura de que a mí, cuando puedo verla, me hace estremecer.

La tercera es E. Siempre gesticula mucho y cuando se ríe suele taparse la boca y mover una mano así sacudiéndola y se encoge muchas veces echándose para atrás. Además, es curioso, pero con lo que yo soy, muy pocas veces la hago reír por lo que cada vez que la veo me hace sonreír como una idiota, como cuando ves a un niño pequeño o un perrito mono (salvando las distancias, claro).

La cuarta es S. Lo primero en que me dijé fue en su sonrisa y ahora no puedo quitármela de la cabeza y bueno, hacerle reír... no tengo palabras para describirlo. Es satisfacción, euforia, alegría, contagio, diversión, felicidad... Todo parece un chiste constante, pero de esos que puedes escuchar 100 veces y te sigue haciendo gracia. De los que cuando vas por la calle o en metro lo recuerdas sin más y te hace sonreír. Eso es exactamente su risa. Sonreír en el momento más inesperado.

martes, 3 de febrero de 2009

Vacío legal

Dicen que el desamor ha hecho mucho por 'el arte'. Cuanto menos por la literatura, la poesía... o la música, que para mí, viene a ser lo mismo.

Pues yo debo de funcionar al revés, o quizás es mi afán por ir contracorriente. Yo ya no sé sobre qué escribir, quizás es que se me ha acabado el amor y el desamor. Aún así siento una tristeza enorme. Es una tristeza involuntaria, me siento como si no hubiera a nadie a quien chillarle que me siento tremendamente sola pero a la vez, no necesito de nadie. No echo a nadie de menos.

Ya no quiero decirle a la gente que es feliz con alguien que se equivocan, algo es algo. Ya no me lamento pensando qué falló, cada día estoy más convencida de que no fue problema mío. Eso es mucho ya.

Pero no sé sobre qué escribir.