El viernes por la noche, de camino al teatro, nos acompañaba una luna enoorme y brillante por toda la carretera.
A la salida del teatro, de vuelta a casa, desde el coche vimos una estrella fugaz.
Ayer, cuando volvía a Barcelona en avión, al despegar de Madrid, la luna se reflejaba en el ala derecha del avión y, conforme maniobraba y giraba el avión la luna se resbalaba por el ala. Cuando se inclinaba hacia la derecha creía que iba a caer, pero tan pronto se anivelaba el avión la luna volvía a posarse sobre el centro del ala como si tal cosa.
Siempre he preferido el verano, pero tengo que reconocer que, en invierno, cuando el cielo está despejado la luna brilla con otro color. Y cuando está cubierto me encanta el color rojizo de las nubes, o mirar al cielo antes de ir a dormir, al bajar la persiana, esperando oscuridad y encontrar el manto espeso y tupido e incluso luminoso de un buen nubarrón de invierno.
lunes, 17 de noviembre de 2008
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1 comentario:
el último parrafo es algo que a mí siempre me ha gustado hacer también....
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