lunes, 23 de febrero de 2009

Té con miel

El sábado paseábamos después de comer en busca de un café donde tomar un té y fumar un cigarrillo. Yo hacía rato que tenía en mente algo que a mi juicio era una 'pequeña cafetería de guiris en una transitada calle de Barcelona'. Al llegar a allí a los dos nos pareció buena idea entrar. Cuando entramos, para mi sorpresa, descubrí que se trata de un local con los techos altos, lámparas bajas, luces ténues, un vestíbulo a la entrada (inmediatamente los dos pensamos en que aquel era un magnífico sitio para bailar) y 'millones' de mesas. No obstante, me pareció el sitio más íntimo del mundo (bueno, ya sabéis, estoy exagerando un poco...). Nos sentamos en una mesa al lado de una columna y en la mesa de al lado había una pareja, él occidental y ella oriental con dos niños, dos de los niños más guapos que he visto nunca. Mientras yo echaba la miel en mi té descubrimos que había una pareja sentada al lado de la ventana, les daba una luz preciosa y mientras ella movía su café él la estaba fotografiando. Bromeamos varias veces invitándonos a bailar, incluso levantándonos de la silla pero todavía nos queda algo de vergüenza, gracias a Dios. De repente empezó a sonar Beirut y algo fue envolviéndome... era una atmósfera de bienestar.

Me tomé mi té con miel prácticamente sin dejar de mirarle y cuando acabamos volvimos a pasear por el sol.

Le he obligado a firmar un acuerdo. Todos los sábados quiero ir a esa cafetería a tomarme mi té con miel y a enfadarme porque él se toma un café con leche y yo no puedo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Suena muy bien ese lugar. Debe ser uno de esos pequeños rinconcitos que descubres por casualidad y que acabas haciendo tuyo y repitiendo una y otra vez.